Reflexión sobre un amor inexplicable

Tanto se ha escrito del misterio del amor. Tanto se ha cantado — cuántas canciones, Dios santo! Poemas ni hablar. Endless.

La gran dicha de mi vida, y de todos los afortunados, ha sido vivirlo. Con mis hijos, sí — Maydi y Carlos. Pero hoy, 17 de septiembre, celebro el amor vivido con mi esposa, Irma “Maydi” Vázquez Vélez, en estos pasados 30 años de magia.

Realmente son 33, porque el amor comenzó a primera vista. Pero digo, el matrimonio es el que se marca hoy, así que vamos.

Se dice por ahí que una pareja dura tanto porque hay comunicación, compatibilidad, confianza, atracción, empatía, respeto, admiración, porque se dan espacio, porque están siempre el uno para el otro. Todo es cierto y mucho más. Son los ingredientes del éxito.

Pero wow, lo que siento y celebro hoy, lo que sentimos y celebramos los dos, no se trata de ese éxito, de simplemente ganarle al tiempo, llegar lejos, seguir juntos, “querernos” mucho.

Hay una fuerza que trasciende ese nivel. Lo que nos agarró en aquella primera mirada un 28 de junio de 1985, lo que nos condujo a los anillos hace hoy 30 años, esa fuerza que superó los años de criar muchachos, vicisitudes económicas y cotidianas, alzas y bajas de todo tipo, es otra cosa.

Lo que a mi todavía, hasta el tierno amanecer de hoy, me tiene maravillado, es cómo crece no matter what. Es incontenible. No es solamente como el árbol que aguanta huracanes e insiste en mantenerse de pie. Es más como un imán que hala y cuyo campo magnético se fortalece con el tiempo.

Días pasé en Miami hace exactamente un año, a días del paso del Huracán María por Puerto Rico, pensando en ese campo, tratando de entenderlo mejor, cuando se puso a prueba como nunca antes.

Habíamos decidido mudarnos a la Florida. Yo me fui en junio cuando conseguí un trabajo. Ellos llegarían en noviembre, a nuestro nuevo hogar. Me recordaba a mi mismo los incontables tipos que habían hecho exactamente lo mismo a través del tiempo, separarse de la esposa y la familia en un momento de transición. Pero aún así, me sorprendió cuánto la extrañé, sobretodo a ella.

Me cogió el Huracán Irma allá. (Irónico, verdad? El mismo nombre.) Cuando se acercó María, no pude volar a Puerto Rico para estar con Maydi, Carlos y Villa (suegra) en la isla.

La agonía me tumbó. Fue una angustia insoportable. Estuvimos incomunicados desde ese miércoles 20 cuando entró la tormenta, hasta el viernes, más de 48 horas de un desespero paralizante. Maydi (hija, que no vive en la isla) y yo nos llamábamos cuatro veces al día. La idea de haberlos perdido. Que estén heridos. De cualquier forma maltrechos.

Cuando finalmente hablamos, la alegría de saber que estaban bien contrapesaba la desesperación de no poder llegar y estar con ellos. Conseguí vuelo para el domingo, pero se canceló para el lunes. Luego para el martes. Luego para el miércoles.

Cuando finalmente caí en sus brazos, viví una dimensión del misterio que no conocía, porque no tiene que ver en lo absoluto con aquellas condiciones de comunicación, respeto y whatever. Es el campo magnético, pero amplificado, un modo de augmented reality. Es una zona de amor que se entra solamente con el pasar de los años, porque tiene que haber crecido, porque tiene que haberse probado. Tiene que haber…superado.

De allá para acá, en este último año en el que nos quedamos en Puerto Rico bregando con la situación, sabiendo que el aniversario 30 coincidiría con el aniversario de María, la cosa ha sido cada vez más sublime, cada vez más grande.

La magia es así. El misterio, lo desconocido. Cómo nace y crece un amor como éste? Cuál es la dinámica? El mecanismo? Cuando pasa de lo incontenible a lo invencible, a lo profundamente incomprensible.

No sé. No lo entiendo. Trato de expresarlo aquí, pero sé que las palabras se quedan cortas, porque supongo que esto reside en una dimensión espiritual más allá de las palabras, con una raíz que seguramente alcanza vidas anteriores, con una naturaleza que trasciende el voto “hasta que la muerte nos separe”.

Porque es que no hay tal separación. Una unión así es eterna. Jamás muere. Solo vive. Solo crece. En momentos huracanados, se convierte en todo. Lo único que importa. Ahí se confirma. Ahí se abre otro entendimiento y cuando ahora le digo a Maydi “te amo” y le doy un abrazo, ahora cuando escuchamos todas esas canciones y bailamos, el viaje es otro — uno que nos lleva derechito a los próximos 30. Especialmente esa canción que dice:

No sé decirte qué pasó, pero de ti me enamoré.

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Pioneering Deep Climate Adaptability as a business value driver and Adaptation ESG for faster resilience mainstream. Bec societies adapt only if companies do.

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